jueves, 18 de noviembre de 2010

Rafael del Riego

Nació en el seno de una familia nobiliaria, aunque de poca fortuna. Tras graduarse en la Universidad de Oviedo en 1807, se trasladó a Madrid, donde se alistó en la Guardia de Corps. Con la invasión francesa de España, en abril de 1808, el general Murat le envió prisionero a El Escorial, de donde logró escapar. Se fugó hacia Asturias en donde su padre había sido nombrado miembro de la Junta Suprema de Asturias.
Iniciada la Guerra de la Independencia, el 8 de agosto de 1808 fue nombrado capitán en la división del general Acevedo, y al poco tiempo fue nombrado su ayudante. El 10 de noviembre de 1808 tomó parte en la batalla de Espinosa de los Monteros (Burgos), en la que las tropas españolas sufren una importante derrota.
Intentando proteger y salvar la vida del general Acevedo, fue hecho prisionero el 13 de noviembre de 1808, siendo deportado a Francia, donde conoció las teorías liberales más radicales. Posteriormente fue liberado, trabando contacto en Francia con la masonería. Viajó también por Inglaterra y Alemania, y en 1814 retornó a España, reincorporándose al ejército con el rango de teniente coronel. Juró la Constitución de 1812 ante el general Lacy antes de que fuera derogada por Fernando VII.
Durante los seis años de gobierno absolutista de Fernando VII, se unió a la masonería. Posteriormente conspiró o planeó, junto a otros liberales, para reinstaurar la Constitución de 1812.
En 1819 se reunió en Andalucía un ejército destinado a sofocar la sublevación de las colonias en América de las provincias de Ultramar, del que Riego tomó el mando del batallón asturiano. Varios oficiales habían decidido aprovechar aquella ocasión para proclamar la Constitución de 1812. Riego, uno de los comprometidos con el movimiento, se alza en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) el 1 de enero de 1820. Allí arengó a los suyos diciendo: «Es de precisión para que España se salve que el rey Nuestro Señor jure la Ley constitucional de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles. ¡Viva la Constitución!». Poco después se trasladaron a Arcos de la Frontera, donde fue detenido el general en jefe del ejército expedicionario, conde de Calderón. A continuación, las tropas de Riego marcharon por diferentes ciudades andaluzas con la esperanza de comenzar un levantamiento anti-absolutista, ante la indiferencia popular. Si bien el pronunciamiento no es sofocado, tampoco encuentra el apoyo que esperaba, de forma que el 11 de marzo lo que quedaba de la columna decide dispersarse buscando refugio en las montañas de Extremadura.
Cuando el periplo revolucionario estaba desintegrándose en Andalucía, hubo un levantamiento en Galicia, proclamándose la Constitución en La Coruña, siguiéndole Ferrol y Vigo. Los levantamientos se fueron extendiendo por el resto de España. El 7 de marzo de 1820, el Palacio Real de Madrid fue rodeado por una gran multitud. A pesar de que, según parece, el rey hubiera podido contar con la adhesión de tropas suficientes para hacer frente a los sublevados, el general Ballesteros, al mando del Ejército del Centro, consultado, declaró que no podía responder de la tropa. Entrada ya la noche, el rey se decidió a firmar un decreto, en que declaraba que, de acuerdo con «la voluntad general del pueblo», se había decidido a jurar la Constitución. El día 10, el rey publica el Manifiesto del rey a la Nación española en el que muestra su apoyo a dicha constitución: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Comienza así el Trienio liberal.
El nuevo gobierno liberal-progresista nombró a Riego mariscal de campo y poco después Capitán General de Galicia. No llega a ocupar este puesto, sino que es destituido con motivo de su visita a Madrid (agosto–septiembre de 1820), acusado falsamente de republicanismo. Sin embargo, los vaivenes políticos le llevan a ser nombrado, en noviembre de 1820, Capitán General de Aragón, mudándose a Zaragoza. El 18 de junio del mismo año se casó con su sobrina, Maria Teresa del Riego y Bustillos.
El 4 de septiembre de 1821, tras el complot republicano de Cugnet de Montarlet, fue destituido de la capitanía general, y destinado a Lérida y después a Castelló de Farfaña. A pesar de ello, su popularidad es enorme y se pasea su retrato por las calles madrileñas. En marzo de 1822 fue elegido diputado por Asturias, siendo designado Presidente de las Cortes Generales, bajo un gobierno dominado por los liberales exaltados, que condujeron a los moderados, dirigidos por Francisco Martínez de la Rosa a la oposición. Aunque era muy respetado, los que apoyaban al Antiguo Régimen le acusaban de haberse endiosado y de haberse enriquecido de forma oscura. En 1822 empezaron las primeras revueltas en contra de la nueva forma estatal. La primera fue en Madrid cuando un batallón de la milicia nacional cargó contra unos seguidores de Riego que aclamaban a este. Fue llamada la «Batalla de las Platerías». La segunda revuelta fue en el norte español, apareciendo violentas partidas realistas en Navarra y Cataluña. En esta última el barón de Eroles, el marqués de Mataflorida y el arzobispo de Creus, se adueñaron de la Seu d'Urgell y proclamaron allí una regencia absolutista en contra de los liberales.
Sin embargo, Fernando VII reclama secretamente ayuda extranjera para eliminar las trabas al restablecimiento del absolutismo. En diciembre de 1822, en el Congreso de Verona, la Santa Alianza decide que una España liberal era un peligro al equilibrio europeo, y comisiona a Francia para reintroducir la monarquía absoluta en España. El 7 de abril de 1823, un ejército francés, conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis, al mando del Duque de Angulema cruzó la frontera por el Bidasoa.
Riego marchó a Cádiz, donde se sumó a la mayoría liberal de las Cortes Generales para organizar la resistencia y votar la incapacidad del monarca, sintiéndose estos liberales perseguidos y traicionados por el absolutismo intransigente del mismo. Intentó reorganizar la resistencia en Andalucía, en calidad de General en Jefe del III Cuerpo de Ejército, haciendo frente a los franceses, el 14 de septiembre durante la llamada "Batalla de Jódar" (Jaén) es derrotado, huyendo malherido, el 15 de septiembre fue traicionado, abandonado por sus tropas, y tomado prisionero en Arquillos (Jaén). Se le trasladó a Madrid. Aquí pidió perdón y clemencia al rey y a todos aquellos a los que había ofendido por sus posibles crímenes liberales, en una carta mandada y publicada por la Gaceta de Madrid. Pero todo fue en vano y fue declarado culpable como reo, de alta traición, por ser uno de los diputados que había votado por la incapacitación del rey. El 7 de noviembre de 1823 Rafael de Riego, hundido moral y físicamente fue arrastrado en un serón hacia el patíbulo situado en la Plaza de la Cebada en Madrid y ejecutado, entre los insultos de la misma población madrileña que poco antes le había aclamado.
Su figura es el máximo exponente de los defensores de las libertades civiles en España convirtiéndose en el mártir por excelencia de la represión política recibida hacia estas causas de carácter liberal.
Actualmente su retrato es uno de los que se pueden ver en las Cortes Generales, junto con otros cuadros como la jura de la Constitución de 1812. En 1987 una calle de Castilleja de Guzmán recibió su nombre al parecer por haberse hospedado en esta localidad en una de sus visitas a Sevilla.

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