miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sublevación del cuartel de San Gil

La Sublevación del cuartel de artillería de San Gil fue un motín contra la Reina Isabel II de España que se produjo el 22 de junio de 1866 en Madrid bajo los auspicios de los partidos progresista y democrático con la intención de derribar la monarquía.
El año 1866 fue especialmente difícil para la sociedad española. El crecimiento económico se había paralizado debido a la crisis europea. La situación afectaba a la industria y al ferrocarril. El retraimiento había provocado una salida del capital extranjero que era la base de buena parte de la industria española. El Banco de España se vio con dificultades para hacer frente al pago en moneda de metales preciosos de los billetes de banco, lo que aceleró la preocupación, no sólo de las clases populares, sino también de la clase media y la burguesía. La crisis bancaria precipitó la crisis de la Bolsa de Madrid y, en cascada, de las compañías de seguros que manejaban una parte sustancial de los ahorros de las familias.
La situación social tan grave fue ampliamente criticada por los partidos democrático y progresista frente a la política gubernamental de Leopoldo O'Donnell en plena caída de popularidad de los gobiernos de la Unión Liberal.
Así las cosas, se organizó desde la primavera un movimiento cívico-militar cuyo objetivo era destronar a la Reina. Al frente de la organización militar y desde el exilio se encontraba el general Juan Prim, huido y condenado a muerte desde su último pronunciamiento en Villarejo de Salvanés. Los partidarios de derrocar a la Corona designaron a Ricardo Muñiz como el responsable de agitar a los barrios obreros y pobres de Madrid para acompañar el golpe de estado con una reacción popular. Entre los civiles se encontraba también Sagasta.
Se fijó la fecha del 26 de junio para la sublevación, nombrándose como generales al mando a Blas Pierrad y Juan Contreras, dirigidos por Prim, que debía entrar por la frontera francesa para hacer una proclama en Guipúzcoa y ayudar así al levantamiento de distintas unidades en todo el territorio nacional. La primera unidad en sublevarse ese día debía ser el Cuartel de Artillería de San Gil en el interior de Madrid que, junto con unidades de Infantería, debía tomar el Palacio Real y secuestrar a la Reina.
Los suboficiales sargentos del Cuartel de San Gil eran los que debían reducir a los oficiales el día 26, pero los hechos se precipitaron. Temerosos de ser descubiertos, ya que O'Donnell y el gobierno estaban informados de ciertos movimientos militares en torno al acuartelamiento, se sublevaron cuatro días antes, el 22 con el capitán Baltasar Hidalgo de Quintana al frente consiguiendo su primer objetivo.
Los tres regimientos de artillería se dirigieron hacia el interior de la ciudad camino de la Puerta del Sol al tiempo que animaban a sublevarse al Cuartel de Infantería de Montaña. Durante el trayecto se enfrentaron victoriosos con unidades de la Guardia Civil. Al mismo tiempo, O'Donnell, Narváez, Serrano, Isidoro Hoyos y Zabala, además de buena parte del resto de los generales destinados en Madrid se habían distribuido por la capital ocupando las unidades de artillería que no se habían sublevado para que permaneciesen fieles, así como posiciones defensivas en el Palacio Real.
En la Puerta del Sol estaba previsto que se unieran los milicianos movilizados por los hombres de Ricardo Muñiz, pero las fuerzas leales al gobierno mantuvieron la posición con duros combates durante la noche. Al mismo tiempo, unidades artilleras sublevadas trataron de entrar en el Palacio Real junto con más de mil milicianos sin conseguirlo, al ser detenidos por unidades leales a la Reina, que les dispararon desde el interior de la plaza y del propio edificio.
Una vez los sublevados no pudieron seguir su avance, las tropas de Serrano y O'Donnell efectuaron un plan para ir reduciendo las barricadas que se habían instalado en varias calles de la ciudad hasta cercar a los sublevados en el propio cuartel del que habían partido. El día 23 el edificio artillero estaba cercado y se combatió piso por piso hasta tomarlo por completo en esa tarde.
Las últimas barricadas callejeras fueron asaltadas por las unidades que dirigía el general Francisco Serrano, dando por concluida la sublevación.
Pocos días después, juzgados en consejo de guerra sumarísimo, 70 oficiales y suboficiales que habían participado en los hechos fueron condenados a muerte y fusilados junto a los muros exteriores de la plaza de toros, que entonces estaba situada a un centenar escaso de metros de la Puerta de Alcalá.

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