viernes, 21 de enero de 2011

Amadeo I de Saboya


(Turín, 1845-id., 1890) Monarca español (1870-1873). Hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia, y de María Adelaida de Austria, heredó el título de duque de Aosta. En 1867 contrajo matrimonio con María Victoria del Pozzo della Cisterna. Poco antes había participado en la guerra contra Austria, en la que resultó herido. Tras el conflicto fue ascendido a brigadier de caballería y, en 1869, a vicealmirante de la armada.
Por aquellas mismas fechas, en España, la revolución de septiembre de 1868 provocó la abdicación y el posterior exilio de Isabel II, lo que a su vez obligó al general Prim, jefe del gobierno, a buscar un monarca para el trono español. Tras numerosas gestiones entre las familias reales europeas, se decantó por Amadeo I, representante de la casa de Saboya, la cual, y según le tratado de Utrecht, tenía derecho sucesorio en España en caso de faltar la dinastía borbónica. Amadeo I, a su vez, aceptó el ofrecimiento, siempre y cuando fuera elegido por las Cortes y reconocido por todos los Estados europeos.
Al llegar a España, sin embargo, su máximo valedor, el general Prim, cayó asesinado, con lo cual su situación quedó en entredicho, puesto que no contaba con el apoyo ni de los republicanos ni de los carlistas. Aun así, y tras asistir al entierro de Prim, el 2 de enero de 1871, en el que fue su primer acto oficial, encargó la formación de gobierno al general Serrano, quien formó una coalición entre progresistas, unionistas y demócratas, todos ellos favorables a la monarquía.
Sin embargo, pronto se alzaron las voces contrarias a Amadeo I, entre ellas la del ejército, la de la aristocracia y, sobre todo, la de la Iglesia, contraria a la vigente Constitución de 1869. Además, la creciente crisis económica y financiera provocó la caída de los sucesivos gobiernos de Amadeo I, quien, a finales de 1872, insinuó su voluntad de abdicar, si bien legalmente la Constitución que él mismo había sancionado se lo impedía.
Finalmente, en febrero de 1873, con la excusa de una sublevación en el seno del ejército, abdicó, decisión que fue aceptada por las Cortes, las cuales, a continuación, proclamaron la Primera República. Amadeo I regresó a Italia, donde recuperó el título de duque de Aosta y vivió, alejado de la escena política, hasta su muerte.

El Sexenio Democrático (1868-1874). Gobierno provisional y reinado de Amadeo I de Saboya

Partido Republicano Federal


El Partido Republicano Democrático Federal, también conocido como Partido Federal, fue un partido político español de carácter federalista y republicano creado tras la Revolución de septiembre de 1868 y con representación parlamentaria hasta las elecciones de 1872.
Desarrollado a partir de la teoría del pacto de Francisco Pi y Margall, el partido se articuló desde diferentes centros de influencia, especialmente en el ámbito de las regiones del Levante, de habla catalana, en el Club de los Federalistas de Barcelona, o el Casino Republicà de l'Estat Balear de Palma de Mallorca.
Su representación parlamentaria fue de 85 diputados en las Cortes en 1869, 52 en 1871, 52 en abril del 1872 y 77 en agosto del 1872.
Contaba con numerosos publicaciones afines como los diarios El Federalista, El Estado Catalán y La Alianza de los Pueblos de Barcelona, El Ampurdanés de Figueras, El Iris del Pueblo de Palma de Mallorca, La Igualdad, La Discusión o El Pueblo Español de Madrid.

Laureano Figuerola


Laureano Figuerola y Ballester nacido en Calaf (Barcelona) en 1816, es sin duda uno de los el economistas liberales más destacados de la España del siglo XIX. Ejerció la docencia universitaria como profesor de Derecho Constitucional, Administrativo y de Economía Política. Autor de Filosofía del Trabajo (1861), así como de múltiples artículos que aparecieron en revistas de inspiración liberal como El Economista , La Tribuna de los Economistas y la Gaceta Economista.
Su espíritu librepensador y sus ideas liberales y reformistas le llevaron a participar en la fundación de la Institución Libre de Enseñanza, de la que fue su primer presidente, así como en la Sociedad Libre de Economía Política (de la que fue fundador junto con Rodríguez Colmeiro, Echegaray, y otros).En el breve tiempo que ejerció como ministro de Hacienda (1869-1870) impulsó reformas económicas modernizadoras de gran trascendencia para la economía española. Proyectos como la creación de la peseta ( por decreto de el 19 de octubre de 1868), tuvieron un talante europeista, en su pretensión de integrar el sistema monetario español dentro de la Unión Monetaria Latina (proyecto que finalmente no pudo llevarse a cabo).
La aprobación del arancel de 1869, llamado también el “Arancel Figuerola” supuso un freno a las aspiraciones de proteccionismo extremo de los grupos de presión industriales y supuso un punto de referencia para los escasos partidarios de una mayor integración de la economía española en la economía internacional en el último cuarto del siglo XIX. Fue elegido presidente del Senado en 1872, pero se opuso a la Restauración política borbónica y formó parte del Partido Republicano Progresista. En 1881 se retiró de la política a la que volvió en 1883 llegando a ser elegido concejal en el Ayuntamiento de Madrid en 1885. A pesar del olvido en que cayeron sus ideas en la España del cambio de siglo, persistió en su difusión desde la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas que presidió desde 1898 hasta su muerte en 1903.

La Constitución de 1869


Triunfante la Revolución de 1868, se convocaron elecciones para unas Cortes constituyentes, celebrándose el 15 de enero de 1869, en las que dominaron los partidos vencedores en la revolución, ya que los progresistas alcanzaron 160 escaños, la Unión Liberal 80 y los demócratas 40. Consiguieron también importante número de diputados los republicanos, 80, y estaban en minoría los carlistas, 36.
El texto elaborado por las Cortes de 1869 esta considerado por muchos como la primera constitución democrática de España, que se anticipó varias décadas a otros países europeos en cuanto a los logros políticos y sociales alcanzados. Entre sus características principales destacan; un avanzada declaración de los derechos individuales de todos los ciudadanos, el derecho de todos los ciudadanos a la participación política, el sufragio universal masculino, la libertad de imprenta, la libertad de culto y el derecho de reunión y asociación, todos ellos reconocidos por vez primera y de una gran importancia para el desarrollo del movimiento obrero en España.
Además, la constitución proclamaba la soberanía nacional, indicando que todos los poderes del Estado surgían de la nación española, cuya forma de gobierno era la monarquía constitucional o parlamentaria.
Por último otorgaba un gran papel a las Cortes, que serían el máximo órgano de representación de la nación, ya que no solo legislaban, sino que controlaban al gobierno y limitaban el poder del monarca.
- Texto entero aquí.

La Revolución de 1868 (La Gloriosa)

jueves, 20 de enero de 2011

Francisco Serrano


(Francisco Serrano y Domínguez, Duque de la Torre) Militar y político español (Isla de León, San Fernando, Cádiz, 1810 - Madrid, 1885). Hijo de un militar liberal, nació durante el asedio francés a la plaza de Cádiz, en donde se reunían las primeras Cortes españolas. Ingresó en el ejército en 1822 y ascendió por méritos propios durante la Primera Guerra Carlista (1833-40).
En 1839, siendo ya brigadier, dio el salto a la política, alineándose con la opción progresista que representaba Espartero. Como diputado, apoyó la Regencia de Espartero (1841), quien le nombró mariscal y ministro de la Guerra; pero luego se volvió contra el excesivo poder del regente, cooperando con Prim para derrocarle (1843).
Hacia 1846-48 fue amante de la reina Isabel II, sobre la cual ejerció una gran influencia política; el general bonito despertaba recelos entre los políticos moderados de la época, que le alejaron de la corte nombrándole capitán general de Granada (1848). Se apartó entonces de la política, dimitió del cargo que tenía, se casó y se dedicó a viajar.
Al estallar una nueva Revolución progresista en 1854, volvió para apoyar otra vez a Espartero. Durante el Bienio Progresista que entonces comenzó fue director general de Artillería, alineándose con el partido centrista que quería formar O’Donnell entre progresistas y moderados (la Unión Liberal). Luego fue embajador en París (1856), capitán general de Cuba (1859-62) y ministro de Estado (1863). Fue entonces cuando la reina le nombró duque de la Torre, añadiendo más tarde la concesión del Toisón de Oro por su labor en la represión de la sublevación del Cuartel de San Gil (1866).
Muerto O’Donnell al año siguiente, Serrano le sucedió como jefe de la Unión Liberal y sumó al partido a las conspiraciones antidinásticas de progresistas y demócratas. Participó de manera decisiva en la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II, venciendo a las tropas gubernamentales en la batalla de Alcolea. Enseguida fue nombrado presidente del gobierno provisional (1868-69) y, vacante la jefatura del Estado, recayó sobre él como presidente del Poder Ejecutivo con tratamiento de alteza (1869-70).
Una vez instaurada la monarquía democrática con la coronación de Amadeo de Saboya, Serrano fue llamado a presidir el gobierno en dos ocasiones (1871 y 1872). Al estallar entonces una Tercera Guerra Carlista, Serrano derrotó al pretendiente don Carlos (VII) en Oroquieta y firmó el Acuerdo de Amorebieta, con la esperanza de liquidar el conflicto (1872). El rechazo de las Cortes a este convenio provocó la caída de Serrano del gobierno. Luego admitió la proclamación de la Primera República, aunque tuvo que exiliarse por su implicación en una conspiración (1873).
Cuando el golpe de Estado del general Pavía disolvió las Cortes republicanas en 1874, Serrano fue nombrado presidente del gobierno y del Poder Ejecutivo, instaurando una especie de dictadura republicana de talante conservador; su ambición era perpetuarse como dictador, pero la destrucción de las fuerzas republicanas había abierto el camino para la restauración de los Borbones, precipitada en aquel mismo año por el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto.
Aceptó al nuevo rey, Alfonso XII, y pretendió desempeñar un papel importante en el nuevo régimen como jefe del Partido Constitucional. Quedó desairado por Cánovas y por el rey cuando éstos prefirieron a Sagasta como líder liberal, razón por la que se escindió con el grupo de la Izquierda Dinástica (1881).
Su labor de gobierno, a lo largo de tantos avatares, resulta insignificante, dado que fue un político sin ideales ni proyectos, al que la ambición de poder hizo cambiar frecuentemente de orientación y de lealtades (le apodaron el Judas de Arjonilla, por su tendencia a la traición y por el lugar en donde tenía su finca). No debe confundirse con Francisco Serrano Bedoya (1813-82), también general y político progresista, que también combatió en las guerras carlistas, apoyó a Espartero, se integró en la Unión Liberal, participó en la Revolución de 1868, fue ministro de la Guerra y acabó reconociendo a Alfonso XII.

Juan Prim


Militar y político español (Reus, Tarragona, 1814 - Madrid, 1870). Se integró en el Ejército para defender el Trono de Isabel II desde el comienzo de la Primera Guerra Carlista (1833-40), en la que ascendió hasta coronel. Inclinado a las ideas liberales, se lanzó enseguida a la política como diputado por Tarragona (1841). Apoyó a los progresistas durante el trienio esparterista (1840-43); pero se enfrentó al autoritarismo de Espartero y acabó contribuyendo a derrocarlo organizando una sublevación en Reus. El gobierno progresista así formado nombró a Prim gobernador militar de Barcelona, con el encargo de reprimir el movimiento revolucionario que perduraba en la ciudad (1843).
Después, el poder pasó a los moderados de Narváez por un largo periodo, y Prim prefirió alejarse de la política, dedicándose a viajar por Europa. En 1847-48 fue gobernador de Puerto Rico, en donde destacó por su dureza en la represión del bandolerismo y de los motines de esclavos. De regreso a la Península fue elegido nuevamente diputado (1851) y volvió a adquirir protagonismo político tras la Revolución de 1854, con la que dio comienzo un nuevo bienio progresista; en ese periodo mandó la expedición española enviada a Melilla para sofocar la insurrección de los rifeños (1856).
Por entonces se integró en la Unión Liberal, partido centrista creado por O’Donnell. Siendo ya éste presidente del gobierno, Prim participó en la Guerra de África (1859-60), obteniendo éxitos que le valieron el título de marqués de los Castillejos. En 1861 fue puesto al mando del cuerpo expedicionario español enviado a México, en colaboración con fuerzas francesas y británicas, para obtener del gobierno de Juárez el pago de las deudas pendientes; las victorias militares de Prim obligaron a Juárez a comprometerse al pago de la deuda por el Convenio de la Soledad (1862); pero, al descubrir que Napoleón III pretendía aprovechar aquel pretexto para derrocar a Juárez e instaurar en su lugar a Maximiliano I como emperador de México, Prim decidió por su cuenta retirar sus fuerzas.
Aunque las autoridades españolas ratificaron su postura, el desacuerdo con O’Donnell llevó a Prim a abandonar la Unión Liberal y, ante la enemistad que había suscitado en la opinión conservadora por no alinearse con los enemigos de Juárez, regresó a las filas progresistas.
Desde entonces conspiró continuamente para derrocar a los gobiernos moderados, e incluso a la propia Isabel II, que les amparaba: intentó un fallido desembarco en Valencia (1865); organizó la sublevación del Cuartel de San Gil (1866); promovió el Pacto de Ostende entre progresistas y demócratas (1866), al que se sumaron los unionistas tras la muerte de O’Donnell (1867). Y, finalmente, lanzó la Revolución de 1868, en colaboración con Sagasta, Serrano, Ruiz Zorrilla y Topete. Prim participó en el pronunciamiento inicial en Cádiz y marchó luego a sublevar Valencia y Barcelona, antes de hacer su entrada triunfal en Madrid, ya destronada la reina.
En el inmediato gobierno provisional presidido por Serrano, Prim se encargó del Ministerio de la Guerra; en las Cortes constituyentes defendió la definición del nuevo régimen como una monarquía democrática, que quedó plasmada en la Constitución de 1869. Serrano pasó entonces a ejercer la Regencia mientras se encontraba un rey para el Trono vacante, sustituyéndole Prim como presidente del Consejo de Ministros. Desde ese cargo fue uno de los principales defensores de la candidatura de Amadeo de Saboya; pero unos días antes de que éste llegara a Madrid para iniciar su reinado, Prim murió asesinado en un atentado cuya autoría nunca ha podido ser esclarecida.

Pacto de Ostende

Ante el descontento hacia el régimen monárquico de Isabel II, añadiendo el hecho que favorecía al Partido Moderado de Narváez, se creó un comité de acción con los Partidos Progresista y Demócrata, éste con Cristino Martos a la cabeza, bajo la presidencia de Prim y de acuerdo con Salustiano Olózaga, al que se unieron los Republicanos que firmaron en agosto de 1866 el Pacto de Ostende en contra de Isabel II. O'Donnell se negaba a que su Partido Unión Liberal se uniese a este grupo, pero a su muerte en 1867, su sustituto, el General Serrano también se unió, igual que los republicanos, de Pi i Margall, con lo que se arrastrarían un gran número de altos cargos militares, que estuvieron a la espera del primer aviso. El fin de este pacto era derrocar a la reina y a su régimen, cuya escandalosa vida privada, manteniendo relaciones íntimas con los jefes de estado y el establecimiento de unos derechos fundamentales, entre los que destacan el sufragio universal, inspirado por los demócratas, partido al que finalmente se adheriría Prim. Una vez conquistado el poder se formarían unas Cortes constituyentes que establecerían la forma de gobierno desde entonces: monarquía o república.
Este pacto constituyó la fase previa a la Revolución de 1868, la llamada Gloriosa, que acabó con la monarquía de Isabel II, obligada a exiliarse en Francia e inició el período denominado Sexenio Democrático que se prolongará hasta diciembre de 1873.